¿Qué hacer cuando muere un perro con chip?

Cuando un perro muere, además de guardar duelo, es necesario realizar una serie de trámites administrativos. Es muy probable que la tristeza por la pérdida de tu mascota mitigue tus fuerzas para llevarlos a cabo; no obstante, has de saber que se trata de procesos muy sencillos que no te llevarán mucho tiempo. Uno de ellos consiste en dar de baja el microchip de tu perro. Continúa leyendo y te explicamos cómo hacerlo.

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¿Cómo dar de baja el chip de un perro?

Cuando un perro muere, es necesario que se lo comuniquemos al veterinario lo antes posible en el caso de que el fallecimiento se haya producido fuera de la clínica. En ese momento, nos facilitará una copia de la baja de identificación y procederá a comunicarlo a las autoridades de su respectiva comunidad autónoma, quien registrará la defunción y actualizará las bases de datos. El proceso es el mismo si el fallecimiento se produce en la clínica.

¿Dónde enterrar a tu perro?

Tras realizar los trámites relativos al chip, debemos tomar la difícil decisión de qué hacer con los restos del animal. En España existen tres opciones:

  • Incineración individual.
  • Incineración colectiva.
  • Cementerio de animales.

La incineración individual y colectiva son las más solicitadas en España debido a su relación calidad-precio. En el caso de la opción individual, el dueño puede solicitar posteriormente las cenizas, mientras que en la colectiva no es posible.

Por otro lado, los cementerios de animales, que suelen ubicarse a las afueras de las grandes ciudades, tienen un precio elevado y una tasa de mantenimiento anual. Sin embargo, se trata de una buena forma de despedir a tu amigo canino con un bonito epitafio y tener un lugar donde visitarle periódicamente.

Ten en cuenta que también existen seguros de decesos para mascotas que se ocuparán de todas las gestiones y gastos asociados al fallecimiento del animal: recogida del cuerpo, incineración, etc.

Por último, te recordamos la importancia de seguir los cauces administrativos marcados por las autoridades a la hora de gestionar el fallecimiento de nuestra mascota. Enterrar a un perro por nuestra cuenta supone un riesgo para la sanidad pública, ya que a través de la tierra, el agua o el contacto con otros animales, pueden proliferar enfermedades e infecciones.

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